El cálculo y diseño de las bóvedas ha llevado, desde hace tiempo, a realizar estudios sobre las mismas, a pesar que en el siglo XIX, al convertirse el hormigón y el acero como materiales fundamentales en la construcción, desbancando el sistema tradicional de construcción en piedra, hizo que se perdiera el interés por este tipo de estructuras. Sin embargo, en la actualidad, al tomar protagonismo los edificios de carácter histórico y al aumentar los trabajos de rehabilitación, ha retomado fuerza la idea de conocer todo lo necesario para poder evaluar el estado de las estructuras analizadas.
El cálculo de bóvedas se basa en conocer el estado tensional (básicamente a compresión) que se somete la estructura portante, así como la estabilidad al vuelco y el posible deslizamiento de las dóvelas. Serán estos tres puntos los fundamentales para entender su cálculo.
Ahora bien, ¿cómo realizamos el cálculo de tensiones? Existen muchos estudios sobre ello, a pesar de que sólo se realizaron hasta el s.XVIII. Mayoritariamente se trata de cálculos gráficos.
La primera teoría científica de bóvedas que se desarrolló en los siglos XVII al XIX consideraba la fábrica como un material rígido unilateral (que no resiste tracciones). Los análisis eran de equilibrio o de rotura, pero siempre la condición era que la línea de empujes, la trayectoria de las cargas, debía estar contenida con suficiente seguridad dentro del arco. No se hacían suposiciones sobre condiciones de contorno, tales como empotramiento de los apoyos…y tampoco se hacían otras afirmaciones sobre el material, además de su poca o nula resistencia a tracción. En estas condiciones, la posición de la línea de empujes quedaba indeterminada y se aplicaba, como método de garantizar la seguridad, la condición de poder encontrar una línea de empujes en equilibrio con las cargas contenida dentro del tercio central (Rankine, 1858). La indeterminación en la posición de la línea de empujes, debida al hiperestatismo de los arcos, se considera o un defecto de la teoría y, desde, cerca 1860 se planteó la posibilidad de realizar un análisis elástico de los arcos de fábrica. A finales del siglo XIX la teoría moderna, y «correcta», del arco de fábrica era la teoría elástica.
A)MÉTODO DE GUSTAVINO. Formulación clásica:
σr = P.l/
A: área por unidad de longitud transversal a la bóveda en la clave
Q: carga por m2 de superfície (peso propio, relleno, más sobrecarga) --> P: carga total (Kg)
L: luz de la bóveda
F: flecha de la bóveda
σr: tensión de rotura
Se trata de la conocida expresión del empuje de un arco parabólico sometido a una carga uniformemente repartida, aunque la «demostración» de Guastavino es difícil de comprender. La fórmula es, por supuesto, aproximada (la carga real no es exactamente uniforme), pero para bóvedas rebajadas es suficientemente buena. Guastavino considera que la tensión de trabajo admisible es 1/10 de la tensión de rotura. Considerar 10 como coeficiente de seguridad es, quizá, excesivo incluso para un material irregular como la fábrica. Guastavino reconoce que se podría considerar como tensión de trabajo 1/4 o 1/5 de la tensión de rotura. El esfuerzo será mayor en los arranques y para hallar el nuevo espesor aplica la que denomina «fórmula de Dejardin »; el espesor varía a partir de la clave en función del inverso del coseno del ángulo que fija la posición del punto." El cálculo de Guastavino es, evidentemente, un cálculo de equilibrio par el que obtiene un valor del empuje, para luego hacer comprobaciones de resistencia y para calcular el sistema de contrarresto, mediante estribos de fábrica.
B)COMPROBACIÓN MEDIANTE TABLAS
La tabla anterior expone que las bóvedas más cargadas (hasta cierto límite, aunque sea simplemente por su propio peso) aguantan más que las bóvedas menos cargadas debido al sistema de transmisión de cargas entre dovelas y la línea real del arco, es decir, los puntos por los cuales se transmiten las cargas hasta los arranques.
C)CÁLCULO INFORMÁTICO. MODELIZACIÓN DE BARRAS
D)CÁLCULO. ANÁLISIS LÍMITE DE FÁBRICAS
(1) la fábrica presenta una resistencia a compresión infinita
(2) la fábrica tiene una resistencia a tracción nula
(3) el fallo por deslizamiento es imposible
Algunos autores se dieron cuenta de que, realmente, el empuje depende de la forma general de la bóveda y acometieron cálculos rápidos aproximados (Ungewitter y Mohrmann 1890, Heyman 1999). Conocidos la resultante de los pesos y cargas que actúan sobre la bóveda y su línea de acción, para una bóveda simétrica en la que el empuje debe ser horizontal en la línea de clave, solo queda decidir la inclinación del empuje, que queda determinado por el perfil general de la bóveda.
Para calcular el empuje de la bóveda calcularemos su peso en primer lugar. Se calculará el volumen de los distintos elementos y se multiplicará por un peso específico.
Considerando una inclinación conservadora del empuje de 1:3, el empuje de la bóveda valdrá H = (V/3) . Para esta inclinación el empuje estará aplicado a
Considerando una inclinación de 45° para la transmisión de este empuje a través de la plementería y luego el relleno, el empuje horizontal valdrá Hf (= Pf ).
La seguridad del sistema de contrarresto viene dada por la distancia de la resultante en la base del centro de la junta considerada. Se trata de una seguridad geométrica y no de resistencia. Las bases de esta teoría fueron establecidas ya por Rankine (1858). La forma de medir la segundad de Rankine puede expresarse más sencillamente si se define el coeficiente geométrico de seguridad como la relación entre la mitad del espesor y la distancia del punto de aplicación de la resultante al punto medio de la sección:
coef. geométrico de seguridad = (d/2)/z
Con dicha teoría, un coeficiente de 2 implica que el empuje está en el límite de la mitad central de la junta considerada; de 3 en el tercio central y así sucesivamente. Los valores de los coeficientes geométricos de segundad de los estribos nunca deben ser inferiores a 3 para evitar la fractura del estribo y suelen tener valores superiores, de 4 y más (Huerta 2004).
La hipótesis más desfavorable es la de la carga de uso actuando. El resto es peso propio. Hay dos secciones que pueden ser críticas: la base del muro (o) y el estribo de la bóveda (e).
A continuación, realizamos el cálculo de la carga que recibe cada uno de las secciones críticas consideradas. A priori, son las que hemos expuesto anteriormente, pero dependiendo de la tipología de la bóveda y de todos los elementos adyacentes a ella, estos pueden variar.
La ecuación de equilibrio, tomando momentos respecto al punto O y llamando x a la distancia a este punto de la resultante en la sección, se realiza aplicando fuerzas por distancias, obteniendo así, la distancia x entre el punto de aplicación de las cargas y la sección considerada. Así, obtenemos los axiles y momentos, por lo que pueden realizarse con facilidad el cálculo de estabilidad y la tensión de compresión que actúa en la sección considerada.
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